- xi - ... yo, desde luego, estoy loca

Lunes de mediodía: Gestiones, las mismas. Y me encuentro con la presidenta del club que ya ha salido de trabajar (asiste en una casa) y va camino de la plaza a hacer un cambio de ropa. Le ha comprado un trajecito blanco a un niño que ha nacido, en el puesto de una gitana. Nueve euros. Se queja: 'Es que como siempre soy la última en darlo, pues la otra ya lo tenía'. Y la gitana es más joven que yo, y más alta, y más guapa, y luce un pelo largo y caoba que parece de seda y tiene más carnes y muchas más tetas y tal vez por eso está acostumbrada a tratar con las mujeres que compran saldos en su puesto y contesta: 'Llévese el chandalcito que es del mismo precio y está bien bonito'. Pero la señora presidenta duda. 'R' no es ninguna dama pero es una señora de los pies a la cabeza. Ahora no me burlo ni ironizo. Mujer entrañable, cálida y franca como hay pocas. Tiene mi aprecio. 'Es que a mí el que me gusta es ese otro. ¿Cuánto vale?'. '22 euros' -contesta con desgana la gitana que sabe de sobra que, por lo menos, a la presidenta no va a vendérselo. ¿Y a ti te gusta eso? -me pregunta a mí señalando al chandal. 'Lo que más' -le contesto yo siendo sincera. ¿Para qué iba a engañarla si ella no piensa gastarse más dinero?. Y vuelve a coger el que le gusta entre las manos y a decir: ' ¡Ay!, es que a mí el que me gustaba era éste pero hija 22 euros... Anda, tú, ponme ese otro'. Y la gitana saca los patucos de la caja que la presidente le tiende y los coloca en la del chandalcito'. Y la presidenta se extraña: '¿Un chandal con patucos?'. 'Sí señora' -afirma la dueña del puesto arrojando con precisa seguridad la caja con el traje ahora sin patucos a un cubo igual que los de la basura, que rebosa con otras cien cajas iguales que esa. Y damos dos vueltas al cuadrilatero de abastos: una por dentro y otra también por dentro aunque por fuera. Los puestos quedan en el medio del interior de la plaza y yo me he acordado del lunes que te encontré a ti allí. Iba con mi madre y era la segunda vez que te veía asomar por mi triste vida. 'Mira mama. ¿Ese no es el médico que sustituía a Don Carlos aquel día?'. Llevabas en una mano tu maletín y con la otra revolvías la ropa del puesto de uno de los gitanos con puestos fijos. 'Sí que es él. ¿Pero qué hace?. ¿No me digas que se viste aquí?',dijo mi madre muerta de la risa. 'No lo sé' -le contesté yo desbordando de pronto ganas de vivir. 'Pero anda vamos a seguirle'. 'Tú, chavala, desde luego estás loca'. Fue lo que me contestó
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